La razón por la cual la empresa IG-Farben se estableció en Dwory, cerca de Auschwitz, se debe a la seguridad que ofrecía ese lugar frente a los bombardeos. Esta elección estaba justificada además por la cercanía de las minas de carbón y sobre todo por la ubicación del campo de concentración en Auschwitz que ofrecía la posibilidad de ser ampliado, significando esto la disponibilidad de un gran número de manos de obra. En abril de 1941, los presos de Auschwitz empezaron a construir las Bunawerke en Dwory. Al principio los presos tenían que desplazarse a su lugar de trabajo, a siete kilómetros de distancia, a pie. Las dificultades con los transportes de los presos a su lugar de trabajo, así como el agotamiento de los presos, que tenía como consecuencia un rendimiento más bajo, llevaron a las IG-Farben a construir un campo especial en el pueblo desalojado de Monovice cerca de las Bunawerke. A finales de octubre de 1942 los presos fueron trasladados allí. Hasta noviembre de 1943 ese campo se llamó "Campo de Buna" y, en su calidad de campo externo, formaba parte del campo de concentración de Auschwitz. En noviembre de 1943 la comandancia del campo Auschwitz III se asentó en el campo de Monovice. Esa comandancia abarcaba 28 campos construidos entre los años 1942 y 1944, principalmente en Silesia, cerca de fábricas metalúrgicas, minas u otras industrias. Entre 1942 y 1944 fueron construidos los siguientes campos adyacentes:
Las condiciones de trabajo en los campos adyacentes en general eran muy duras. Aunque los presos trabajaban en los más diversos sectores industriales, en la mayoría de los casos se trataba de un duro trabajo físico. A menudo tenían que trabajar en la construcción y en los transportes. Sus condiciones de trabajo todavía se agravaban más por la ausencia de máquinas. Además carecían de las medidas de protección necesarias. En algunos campos adyacentes los presos eran obligados por las SS a eliminar las granadas no estalladas, que se encontraban en el terreno de las instalaciones industriales y en sus inmediaciones, que habían sido bombardeadas. Mejor suerte corrían los presos que trabajaban en la producción, pues no estaban expuestos a las fenómenos climatológicos. Sin embargo, allí tenían que llevar a cabo los trabajos extremadamente peligrosos y físicamente más duros.
No todos los presos en los campos adyacentes recibían el mismo tratamiento. Los cuerpos de vigilancia tenían muchas más oportunidades de golpear a los presos de la construcción y de los transportes que a aquéllos que trabajaban en las máquinas, puesto que allí debían seguir un ritmo de trabajo mecanizado.