El lugar de
ejecuciones en Auschwitz I era un patio protegido por dos
muros, situado entre los bloques 10 y 11, en cuyo fondo se
encontraba un paredón pintado de negro. Delante del
paredón habían echado arena, que servía
para absorber la sangre de los fusilados, que debían
comparecer desnudos y descalzos. Los
cadáveres, chorreando sangre, eran transportados en
un camión hasta el crematorio. Estos camiones siempre
dejaban tras de sí un rastro de sangre en las calles
del campo.
Sin embargo los fusilamientos no sólo se llevaban a cabo en el paredón negro. Cualquier pretexto era válido para fusilar a los presos: si un preso no trabajaba lo suficientemente rápido, o si un hombre de las SS interpretaba la mirada de un preso como rebelde, o incluso si un vigilante o un oficial de las SS se aburría. Cuando no se cumplía con la cuota prevista de muertes, recurrían a los fusilamientos. La versión oficial era que estos presos habían sido fusilados por "intento de fuga".